viernes, 15 de noviembre de 2013

¿Para llevar o para comer acá? por Sofia Lara Zeidel

“¿Para llevar o para comer acá?” 

<<“¿Para llevar o para comer acá?” Una clásica frase escuchada en las pizzerías de Buenos Aires y de todo el mundo. Si hay un plato que es realmente para compartir es la pizza. Esas clásicas 8 porciones que juntan a más de uno. Un plato para comer con amigos, con la familia, con una pareja o para comer simplemente solos en casa alguna noche mirando expectantes algún prometedor encuentro de 90 minutos. De todos los gustos y para todos los gustos. Las clásicas de siempre o las combinaciones caseras innovadoras que descubren las amas de casa aprovechando lo que quedo en la heladera. Cebollita de verdeo, ajo, queso y al horno. Lo importante es una buena base porque cualquier mezcla de condimentos puede quedar bien, solo basta ser juzgada al paladar del comensal. 
Pero la diferencia en una  buena pizza está en ese tentador manjar blanco llamado queso. Esa rica muzzarella derretida que al levantar la porción se estira kilómetros y tienta a cualquiera a sumarse a la mesa. 
Comerla es un fenómeno social, a menudo se escucha “Vénganse a casa y hacemos unas pizzas” y un grupo de personas entiende que sólo hay que elegir los ingredientes para cubrirla. La pizza es una de las comidas rápidas más populares junto a la hamburguesa, que se ha extendido desde Nápoles al resto de Italia y debido a la inmigración italiana a diversas partes del mundo. “La buena pizza es i-ta-lia-na”.
¿Se imaginan la vida sin comer pizza? Sin poder juntarse con amigos a compartir una grande de muzza con unas frescas. Más en estos días de calor en donde unas cervezas en el balcón son la previa perfecta para una buena cena rápida roja y blanca decorada con esos ochos jugadores verdes, cada uno ubicado perfectamente en su porción de la cancha esperando el silbato que de por iniciado el banquete. 
Que te olvides del pan, de las pastas y de la pizza es una de las primeras cosas que se le dice a un celiaco recién diagnosticado. “No vas a poder comer nada” dicen muchos mal informados.
¿Pero es realmente así? ¿Quién decretó esa prohibición? Si bien es difícil acceder a esos beneficios y poder consumir ese tipo de alimentos el paciente celiaco no está excluido del todo.
Muchas pizzerías de Buenos Aires no tienen idea de lo que significa comer sin TACC, y solo una escasa cantidad de pizzerías ofrece un menú libre de gluten. Que las hay las hay pero encontrarlas requiere un poquito más de esfuerzo y un mayor acceso a información la cual no está disponible para todos.
“Celigourmet” ubicada en Puan y Directorio (Caballito) es una opción para comer sin TACC.
No solo ofrecen hamburguesas, sándwiches, panes, tortas, tartas y empanadas sino que tienen como opción una sección llamada “G(e)ranat y pizzas que explotan” para optar por un clásico plato italiano. 
Es posible llevar una alimentación normal libre de gluten y a la vez suficiente en nutrientes esenciales porque no es una proteína indispensable y puede ser sustituida por otras proteínas animales o vegetales.
“G(e)ranat” ofrece a su público prepizzas en bandejitas de aluminio, pizzas para llevar o para comer en el lugar. Es un pequeño negocio que llama la atención en la cuadra porque es el único que se destaca por el naranja rabioso que cubre las paredes. Tiene un salón detrás de las góndolas con varias mesitas para comer ahí mismo que abre viernes y sábados de 20 a 24 horas. En donde el cliente al ingresar es tentado por todas las delicias dulces que están en el mostrador. 
“Celigourmet” no trabaja solo en Puan sino que tiene tres sucursales más ubicadas en diferentes puntos de Buenos Aires. En Martínez, Palermo Soho y una en microcentro. 
Hacer pizza es algo sencillo, solo se debe estar atento a algunas variables dependiendo el tamaño de los moldes o de la altura que se busque para cada pizza, pero lo demás es fácil. Solo se necesita que los cuatro fantásticos trabajen conjuntamente, un kilo de harina, aceite, agua tibia, y la indispensable levadura. El paso más importante de toda la preparación es diluir correctamente la levadura para que la masa leve correctamente, es por eso que se debe tener sumo cuidado al revisar la temperatura del agua con que se vaya a diluir la levadura y el modo de amasar la masa para que se active el gluten. 
Hay miles de pizzerías en todo el país pero hay una que es diferente y no porque venda pizzas libre de gluten sino porque es una pizzería donde hace sus productos con harina de trigo pero está atendida por Anna Quintero.
Anna es celiaca hace poco tiempo y como buena descendiente de italianos el “no” a la pasta del domingo lo sufrió hasta las lágrimas. “Llegue a llorar frente al plato... necesite mucho apoyo y probar demasiados productos para conseguir comer algo que me gustara y no estuviera contaminado”. Me cuenta.
Siempre fue una persona nerviosa lo cual resultaba normal canalizar sus nervios por el estómago. Pero el rápido descenso de peso y los numerosos malestares estomacales la asustaron. “Cuando el médico me dijo que era celiaca le pregunte si me iba a morir”. Nadie de su familia es celiaco, al menos nadie de los que viven actualmente. Fue diagnosticada a los 32 años luego de varias visitas a distintos gastroenterólogos, debió realizarse muchos estudios hasta que como a muchos les pasa lograron darle en la tecla.
Las sucursales de la pizzería “El gordo y el flaco” ubicadas en Laferrere, San Justo y San Miguel son de Anna y su marido desde hace tres años. Qué difícil es la tentación para una mujer con sangre italiana resistirse al manjar de una buena pizza. 

-¿Te es difícil trabajar en “El gordo y el flaco” desde que te enteraste que no podes comer alimentos con gluten?
-La verdad es que gracias a dios no debo ir todo el tiempo a las pizzerías ya que se ocupa mi pareja y cuando voy en las fechas claves sufro porque quiero comer una porción, es difícil.

Anna es mamá de una nena de un año y su hija no es celiaca. Durante el embarazo el tratamiento fue normal. 
-¿Te es difícil conseguir los productos y seguir el tratamiento?
-El tratamiento no es complicado cuando lo aprendes... más si te gustan las verduras y, las carnes. El resto lo hago yo, como el pan o las galletitas. Además conseguí un proveedor llamado “Señor Sipan” que me envía a mi casa los pedidos que realizo por mail todos los meses con las premezclas y las pastas.

Anna como muchos otros tuvo que aprender a comer diferente y con el apoyo de su pareja y su familia pudo salir adelante. Siempre que va a la casa de algún amigo o familiar tienen una opción preparada para que ella pueda comer, bien cocida tomando los recaudos necesarios para evitar la contaminación cruzada.
Si bien cuesta el proceso de adaptación al nuevo menú no es difícil solo se necesita apoyo y constancia y tener muy en claro que por comer diferente los celiacos no tienen por qué ser excluidos. Si bien las opciones todavía son pocas poco a poco algunos se van dando cuenta de lo importante que es ofrecerle productos al público intolerante al gluten.
Ninguna razón es suficiente para quedar afuera de la reunión alrededor de las ocho partes mágicas. Esas ocho partes unidas al comienzo por un rojo que pinta suavemente y no tanto el sagrado disco blanco, esas finas láminas de muzzarella que aumentan su tamaño frente al trabajo del calor y esos tentadores jugadores verdes que siempre quedan para el final dejando su huella sobre plato indicando que el festín ha terminado.>>
Sofía Lara Zeidel.

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