lunes, 11 de noviembre de 2013

Domingos en familia por Mabel Saez

Los juguetes son testigos del encuentro
Como la mayoría de los domingos de un tiempo a esta parte, Silvia tiene una rutina que le da placer a pesar del cansancio que pueda tener al caer la tarde. Es el día en que la familia se reúne para compartir el almuerzo y luego una extensa sobremesa hasta la hora de la merienda.


Silvia, 56 años, casada con Carlos desde hace 35 años, cuatro hijas de 34, 33, 31 y 20 años. La menor vive con ellos, dos están casadas, una vive sola y esta de novio, la familia se completa con tres yernos y dos nietos varones. Todos son parte de estos domingos en que se juntan para compartir.

Los almuerzos son elaborados y preparados con mucho cuidado, en la familia hay dos enfermos celiacos, pero ya todos saben que si y que no se puede comer y como deben hacerlo, son muchos años de vivir con la enfermedad.

Poco después que naciera su última hija, Silvia se empezó a sentir mal. En un primer momento se decía que era consecuencia del parto, que estaba débil, pero ella no se recuperaba. Tenía dolores de estómago, diarreas, su color había cambiado, dijeron algo acerca de una enfermedad hepática. Mientras todo esto pasaba se hicieron muchos análisis, seguía perdiendo peso, estaba anémica, pero no había un diagnostico final. Ya ni recuerda cuanto tiempo paso, para ella fueron siglos mientras estuvo internada, con una bebe de días esperando a su mamá. Hasta que un día, llegó el resultado final  y diagnosticaron celiaquía. 

A partir de allí hubo cambios en la comida, en los hábitos. Por esa época no existía tanta información como tenemos ahora, todo lo que se podía preparar era en casa y muy costoso.  Además fue necesario que toda la familia se hiciera análisis para detectar la enfermedad. De todos ellos sólo una de sus hijas dio positivo, Natalia que por ese entonces tenía 10 años.

Graciela y Silvia son amigas desde el jardín de infantes de sus hijas, Mariela y Natalia. Ella recuerda que no fueron días agradables cuando estuvo internada, que se había pensado en lo peor, aún sin saber que pasaba, ya que lo peor era no saber qué era lo que tenía. También habla de sus hijas, como se repartían las abuelas, familia y amigos para ayudar a Carlos, el papá con tres niñas y una beba recién nacida. 
Mariela recuerda que en los cumpleaños Natalia no podía comer todo lo que había en la mesa, pero no se perdía una sola fiesta. Muy compañera, amiga y siempre Naty, la flaca del grupo.

Natalia y Silvia son las mujeres más delgadas de la familia, a pesar de bromear con que ellas mantienen la línea por no consumir harinas, por eso tienen esa figura, saben que no es broma y que los cuidados  deben ser de por vida. Cuidarse con productos Sin TACC, por los trastornos digestivos que ocasiona la enfermedad y también deben cuidar sus huesos.

Desde mucho antes de los 40 años Silvia, hace controles periódicos en su densidad mineral ósea (DMO), debido a su enfermedad siempre estuvo latente la posibilidad de padecer osteoporosis. La baja DMO afecta hasta el 75 % de los pacientes celiacos, por eso ella se cuida y también lo inculca en sus hijas. Aunque sólo una tiene la enfermedad, todos los años deben repetir los análisis, como prevención.

Silvia junta como cada domingo los testigos de ese día que dejan sus nietos, los juguetes. Uno de los varones, Benjamín de tres años, es hijo de Natalia, y a él también se le hacen los análisis, porque su mamá es celiaca, entonces mejor prevenir. 

Ya termina el domingo, y debajo de un mueble Silvia encuentra una pelota, la guarda junto a los otros juguetes en una caja hasta el próximo encuentro con sus nietos en que todo volverá a tener la normalidad de una casa con niños y juguetes desparramados. 



Mabel Saez

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