Zero TACC
lunes, 25 de noviembre de 2013
lunes, 18 de noviembre de 2013
Amanece en la ciudad por Mabel Saez
Quilmes, 06:30 am. El despertador marca el comienzo de un nuevo día
Cintia intenta despertar, es lunes y cuesta levantarse tanto o más que un viernes. La alarma suena por dos minutos aproximadamente, ella la apaga con cierta tranquilidad, sabe que en quince minutos vuelve a sonar y es allí cuando se levanta, ese es su plazo. Comenzar la semana nos pesa a todos, pero una vez arriba lo que sigue es rutinario, aunque estemos dormidos.
Ir a la cocina poner la pava, luego al baño, abrir la ducha, volver a la cocina ver que el agua ya está a punto y preparar un té, con su preferido y permitido “ Taragüi”, que alcanzara el sabor exacto mientras ella se ducha. Todo es un circuito que Cintia realiza de memoria, con los pasos contados. Luego llega el desayuno acompañado de algunas galletitas, que ella misma cocinó en esta nueva vida en la que prueba recetas libres de gluten. Cintia hoy tiene 33 años, y fue a los 18 años luego de más de un año de estudios que descubrieron la enfermedad, diagnosticaron celiaquía.
Desde hace 8 meses vive sola en un departamento, su decisión para despegar de la casa familiar, independizarse. Fue así como tuvo que aprender a organizar su día y su vida, sin tener a su madre cerca, como hasta hace un tiempo. Ana, su mamá y sus dos hermanos menores viven a 10 cuadras de allí, y fuera de los encuentros del fin de semana, ella suele pasar al regresar del trabajo antes de ir al departamento, para verlos y merendar.
Ana es viuda, desde hace poco más de 15 años, su esposo falleció de cáncer en el estómago. Al poco tiempo que esto ocurrió empezaron los estudios en Cintia, y luego en sus hijos menores – de 10 y 5 años en ese entonces – pero solo su hija mujer dio positivo.
Ya pasaron muchos años desde la pérdida de su papá, sin embargo Cintia tiene una pregunta en su interior “¿Podría haber sido celiaco mi papá y no se dieron cuenta, no lo descubrieron? ¿Por eso él no se cuidó?” Nadie tiene la respuesta es una incógnita en su vida.
Cintia es contadora, trabaja en microcentro en un estudio contable, junto a dos colegas compañeros de la facultad. Ya tiene la costumbre de preparar un tupper con la comida permitida para un almuerzo saludable, además de llevar otro con algo dulce y casero.
Llevar los tuppers podría ser una rutina, pero es un ejercicio al que está habituada desde la época en que trabajaba en la agencia de turismo de 9 a 17 hs. y de allí seguía a cursar en Económicas. Por esas épocas no había tanta información, no tantos productos aptos para celiacos en cualquier lugar, y mucho menos en el kiosco – bar de la facultad. Ella recuerda hasta llevar los saquitos para hacer su té en los fríos inviernos de cursadas, y de paso hacer más leve el regreso a casa a medianoche.
Ella dice “el esfuerzo dio sus frutos” y muestra orgullosa la foto con el título en mano del acto de colación. Con ese título que dedicó a la memoria de su papá, a su mamá que preparaba cuidadosamente su comida acompañando toda la carrera y no olvida a sus hermanos que le hacían el aguante en noches previas a parciales y finales.
Cintia podría no traer nada para comer y pasar por algún local que tenga menú SIN TACC, sin tener que caer en el clásico bife o pollo grillé con ensalada, quisiera tener la posibilidad de elegir por ejemplo un plato de pastas con la salsa permitida o cualquier otro plato de la carta convertido en aptos. Lamentablemente esto no es tan fácil.
Las leyes de Nación, Provincia y de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires establecen que los restaurantes tengan al menos un menú apto para celíacos, pero si esto no se cumple no existen sanciones. Las infracciones caen sobre aquellos productos que dicen ser aptos y no tienen el rotulo.
Aunque existen locales que tienen algún plato apto, que dicen separar los elementos, ella tiene desconfianza, no puede acostumbrarse a comer fuera de casa, con la comida que prepara ella o su mamá. Piensa que la contaminación cruzada puede ocurrir en cualquier momento y es su temor.
Cintia tiene proyectos, uno es ser mamá sabe que cuando eso ocurra, apenas nazca hará los estudios correspondientes y espera no sean tan traumáticos como los que ella pasó. Valora las redes sociales que comparten la información acerca de los productos aptos y no. Aún falta mucho por hacer, es necesaria mayor difusión en colegios a padres y alumnos acerca del tema para integrar y aprender a vivir con chicos celiacos.
Ella sabe que la dieta no debe convertirse en obstáculo y espera que en un futuro no muy lejano todos puedan compartir un cumpleaños, una salida a comer con amigos o familia, incluso hacer las compras en el supermercado. Que los celiacos no encuentren trabas en nuestro país.
Mabel Saez
Corriendo por una mejor calidad de vida por Sabrina Wenner
5 Km . por la Avenida Tomas Espora
Corre con una marcha de pasos largos y constantes, cada semáforo rojo le permite recuperar el aliento. Sus cachetes ruborizados por el acaloramiento producido por la actividad contrastan con su tono de piel tan clara. Dos veces por semana realiza el mismo recorrido desde Burzaco a Adrogre, alrededor de 5km. Comenzó a realizar actividad física luego de que, su ahora medica de cabecera, le aconsejara los beneficios que producían en su aparato digestivo. Sandra es Psicóloga y Asistente social. A los 35 años descubrió que era celiaca, luego de recurrir a varios médicos que no encontraban cual era la causa de sus terribles malestares.
Cuando tenía 20 años, su cuerpo comenzó a manifestar algunos síntomas. Su periodo era irregular, sufría de pérdida de peso y diarrea, o por el contrario, estreñimiento, distensión abdominal. Algunos de los médicos llegaron a pensar que era anoréxica, debido a que era muy delgada y su madre siempre remarcaba que ella solía rechazar muchos alimentos, con la excusa de que les caí pesado.
Unas vacaciones en el Norte Argentino, fue escenario de una advertencia fuerte que su cuerpo revelaba. A los 3 días de estar en la Rioja , tuvo que ser internada por un principio de pancreatitis. En ese Momento Sandra vivía comiendo pastas, pensando que era unos de los pocos alimentos que no le hacían daño. Tiempo después descubre que esos alimentos era el principal causante de sus síntomas.
Luego de unos días de dieta y debido a que la inflamación bajo, regreso a Buenos Aires y consulto a una nueva Doctora. La joven médica le pregunto que es lo qué comía y cómo comía. Sandra sintió que por primera vez la escuchaban. Previo a unos estudios que le pidió que se realice, le indico que hiciera una dieta alimenticia libre de Gluten. Mas tarde una biopsia intestinal confirmaría la sospecha de la profesional.
Comenzó a realizar la dieta casi al pie de la letra. Un día apurada casi sin tiempo de llegar a su segundo trabajo, realizo una parada para cargar GNC, sin haber podido comer nada durante la mañana, rompe con la dieta y se compro helado Epa. En ese momento pensó que no le causaría ningún daño, ya que por comer “una cosa” que le podría pasar. Al término de unas horas termino concurriendo a la guardia de la clínica, con intensos dolores.
La segunda advertencia que su cuerpo manifiesta, radicaría para siempre su forma de alimentarse.
Al principio se aíslo de todo tipo de reuniones sociales. No participaba porque estaba enojada con el resto de sus conocidos, sentía que todos comían delante de ella sin advertir que Sandra no podía ingerir ningún tipo de alimento que contenga TAC. También odiaba asistir a restaurantes y ver como las paneras invitaban a los comensales a entretener su apetito mientras los platos estuvieran en la mesa y sobretodo tener que hacer miles de preguntas de los ingredientes y la preparación del plato escogido.
Luego de un tiempo de haberse informado, de haber descubierto que su abuela materna era celiaca, aprendió a cocinar todo tipo de recetas libres de gluten, comenzó a concurrir a los diferentes eventos sociales, llevando con ella su propia comida para no tener que correr riesgo de contaminación. Aprendió a convivir y a luchar día a día y paso a paso, contra su enfermedad.
Sabrina Wenner
Tigre Integra por Mariana Calbosa
Con sabor a Gourmet
Retiro, estación de trenes caóticas si las hay. Los domingos la invaden incontables personas más que de costumbre pero el aroma a café, las familias numerosas y las bicicletas la tiñen de otro color. El destino de la formación anuncia su partida a TIGRE, ciudad en crecimiento, hoy mucho mas que la visita obligada al puerto de frutos.
A medida que el tren avanza es como si el cielo y su paisaje sufriera la transformación propia de estar viajando en una verdadera máquina del tiempo. El verde invade cada rincón, cada espacio y el aroma a río como una estela nos anuncia que el destino esta cada vez mas cerca. Solo 45 minutos separan la ciudad de cemento de la ciudad mágica
Tigre tiene ese no se que y la capacidad de transformase en otro animal como el camaleón, porque es un lugar privilegiado para vivir, trabajar y porsupuesto para visitar y disfrutar.
Como la puntualidad del Té Inglés, el tren arriba a la estación final. Sobre la Av. Cazón, allí se puede obtener una rápida mirada de donde estamos. El río protagonista bordea la ciudad haciéndola única en su especie.
Y es así porque gracias al Programa “Tigre Integra” 1 de cada 150 argentinos que padecen celiaquia, pueden disfrutar no solo de un hermoso paseo a orillas del río, sino de un maravilloso circuito gourmet pensado especialmente para ofrecer menúes Zero Tacc.
El mapa esta repleto de globitos con el símbolo de sin tacc y las opciones son variadas porque se puede comer tanto en alguna isla del hermoso Delta donde la tranquilidad y el coro de algunos pájaros pueden hacer que nos olvidemos por un rato de todo lo demás o bien degustar algún plato mientras el puerto de frutos nos hipnotiza para que cada objeto que hay en el lugar se trasforme en articulo de primera necesidad para nuestra casa.
Son 43 en total los locales que meticulosamente cuentan con la seguridad necesaria para que comer no sea una preocupación si se es celíaco. Cada uno de los restaurantes y hoteles que se sumaron al compromiso recibieron capacitación sobre la seguridad alimentaria, la manipulación de utensilios y la elección de los alimentos en lo que se refiere a los cuidados necesarios por celiaquía.
Como en los grandes centro turísticos la variedad va desde la comida mediterránea hasta la clásica parrillada. Sin olvidar los riquísimos helados que esta época son ideales para una mejor digestión o el clásico panqueque de dulce de leche para romper la dieta estricta que nos espera el lunes.
“Un Lugar” es uno de esos ejemplos, ubicado exactamente frente a la costa se sirve el mejor asado argentino. Es más que una parrilla, es un ambiente calido y familiar, como si el comedor de casa se hubiese escapado por un rato para rodearse del río y la naturaleza.
Las sillas y mesas de madera forman parte de la ambientación rústica del lugar y los grandes ventanales permiten que no te pierdas absolutamente nada del hermoso paisaje casi pintado a mano.
A la hora de pedir, los ojos se marean como si estuvieran en el mismísimo zamba, ya que poseen una amplia variedad de platos. Para todos los gustos y Aptos para Celiacos.
Cada plato que desfila por el gran comedor es presentado como una obra de arte, con el cuidado que cada uno merece, con la pasión por el servicio que caracteriza a “Un Lugar”
El paseo no finaliza sino se disfruta de un riquísimo helado, figurita repetida durante toda la temporada. Y la “Heladería Delta” también es parte del programa. Cuenta con sabores cuidadosamente seleccionados y sin tacc.
Tigre tiene ese no se que, y además esta libre de Gluten. Ciudad ideal para no quedarte afuera de nada y ser parte de todo.
Mariana Calbosa
viernes, 15 de noviembre de 2013
¿Para llevar o para comer acá? por Sofia Lara Zeidel
“¿Para llevar o para comer acá?”
<<“¿Para llevar o para comer acá?” Una clásica frase escuchada en las pizzerías de Buenos Aires y de todo el mundo. Si hay un plato que es realmente para compartir es la pizza. Esas clásicas 8 porciones que juntan a más de uno. Un plato para comer con amigos, con la familia, con una pareja o para comer simplemente solos en casa alguna noche mirando expectantes algún prometedor encuentro de 90 minutos. De todos los gustos y para todos los gustos. Las clásicas de siempre o las combinaciones caseras innovadoras que descubren las amas de casa aprovechando lo que quedo en la heladera. Cebollita de verdeo, ajo, queso y al horno. Lo importante es una buena base porque cualquier mezcla de condimentos puede quedar bien, solo basta ser juzgada al paladar del comensal.
Pero la diferencia en una buena pizza está en ese tentador manjar blanco llamado queso. Esa rica muzzarella derretida que al levantar la porción se estira kilómetros y tienta a cualquiera a sumarse a la mesa.
Comerla es un fenómeno social, a menudo se escucha “Vénganse a casa y hacemos unas pizzas” y un grupo de personas entiende que sólo hay que elegir los ingredientes para cubrirla. La pizza es una de las comidas rápidas más populares junto a la hamburguesa, que se ha extendido desde Nápoles al resto de Italia y debido a la inmigración italiana a diversas partes del mundo. “La buena pizza es i-ta-lia-na”.
¿Se imaginan la vida sin comer pizza? Sin poder juntarse con amigos a compartir una grande de muzza con unas frescas. Más en estos días de calor en donde unas cervezas en el balcón son la previa perfecta para una buena cena rápida roja y blanca decorada con esos ochos jugadores verdes, cada uno ubicado perfectamente en su porción de la cancha esperando el silbato que de por iniciado el banquete.
Que te olvides del pan, de las pastas y de la pizza es una de las primeras cosas que se le dice a un celiaco recién diagnosticado. “No vas a poder comer nada” dicen muchos mal informados.
¿Pero es realmente así? ¿Quién decretó esa prohibición? Si bien es difícil acceder a esos beneficios y poder consumir ese tipo de alimentos el paciente celiaco no está excluido del todo.
Muchas pizzerías de Buenos Aires no tienen idea de lo que significa comer sin TACC, y solo una escasa cantidad de pizzerías ofrece un menú libre de gluten. Que las hay las hay pero encontrarlas requiere un poquito más de esfuerzo y un mayor acceso a información la cual no está disponible para todos.
“Celigourmet” ubicada en Puan y Directorio (Caballito) es una opción para comer sin TACC.
No solo ofrecen hamburguesas, sándwiches, panes, tortas, tartas y empanadas sino que tienen como opción una sección llamada “G(e)ranat y pizzas que explotan” para optar por un clásico plato italiano.
Es posible llevar una alimentación normal libre de gluten y a la vez suficiente en nutrientes esenciales porque no es una proteína indispensable y puede ser sustituida por otras proteínas animales o vegetales.
“G(e)ranat” ofrece a su público prepizzas en bandejitas de aluminio, pizzas para llevar o para comer en el lugar. Es un pequeño negocio que llama la atención en la cuadra porque es el único que se destaca por el naranja rabioso que cubre las paredes. Tiene un salón detrás de las góndolas con varias mesitas para comer ahí mismo que abre viernes y sábados de 20 a 24 horas. En donde el cliente al ingresar es tentado por todas las delicias dulces que están en el mostrador.
“Celigourmet” no trabaja solo en Puan sino que tiene tres sucursales más ubicadas en diferentes puntos de Buenos Aires. En Martínez, Palermo Soho y una en microcentro.
Hacer pizza es algo sencillo, solo se debe estar atento a algunas variables dependiendo el tamaño de los moldes o de la altura que se busque para cada pizza, pero lo demás es fácil. Solo se necesita que los cuatro fantásticos trabajen conjuntamente, un kilo de harina, aceite, agua tibia, y la indispensable levadura. El paso más importante de toda la preparación es diluir correctamente la levadura para que la masa leve correctamente, es por eso que se debe tener sumo cuidado al revisar la temperatura del agua con que se vaya a diluir la levadura y el modo de amasar la masa para que se active el gluten.
Hay miles de pizzerías en todo el país pero hay una que es diferente y no porque venda pizzas libre de gluten sino porque es una pizzería donde hace sus productos con harina de trigo pero está atendida por Anna Quintero.
Anna es celiaca hace poco tiempo y como buena descendiente de italianos el “no” a la pasta del domingo lo sufrió hasta las lágrimas. “Llegue a llorar frente al plato... necesite mucho apoyo y probar demasiados productos para conseguir comer algo que me gustara y no estuviera contaminado”. Me cuenta.
Siempre fue una persona nerviosa lo cual resultaba normal canalizar sus nervios por el estómago. Pero el rápido descenso de peso y los numerosos malestares estomacales la asustaron. “Cuando el médico me dijo que era celiaca le pregunte si me iba a morir”. Nadie de su familia es celiaco, al menos nadie de los que viven actualmente. Fue diagnosticada a los 32 años luego de varias visitas a distintos gastroenterólogos, debió realizarse muchos estudios hasta que como a muchos les pasa lograron darle en la tecla.
Las sucursales de la pizzería “El gordo y el flaco” ubicadas en Laferrere, San Justo y San Miguel son de Anna y su marido desde hace tres años. Qué difícil es la tentación para una mujer con sangre italiana resistirse al manjar de una buena pizza.
-¿Te es difícil trabajar en “El gordo y el flaco” desde que te enteraste que no podes comer alimentos con gluten?
-La verdad es que gracias a dios no debo ir todo el tiempo a las pizzerías ya que se ocupa mi pareja y cuando voy en las fechas claves sufro porque quiero comer una porción, es difícil.
Anna es mamá de una nena de un año y su hija no es celiaca. Durante el embarazo el tratamiento fue normal.
-¿Te es difícil conseguir los productos y seguir el tratamiento?
-El tratamiento no es complicado cuando lo aprendes... más si te gustan las verduras y, las carnes. El resto lo hago yo, como el pan o las galletitas. Además conseguí un proveedor llamado “Señor Sipan” que me envía a mi casa los pedidos que realizo por mail todos los meses con las premezclas y las pastas.
Anna como muchos otros tuvo que aprender a comer diferente y con el apoyo de su pareja y su familia pudo salir adelante. Siempre que va a la casa de algún amigo o familiar tienen una opción preparada para que ella pueda comer, bien cocida tomando los recaudos necesarios para evitar la contaminación cruzada.
Si bien cuesta el proceso de adaptación al nuevo menú no es difícil solo se necesita apoyo y constancia y tener muy en claro que por comer diferente los celiacos no tienen por qué ser excluidos. Si bien las opciones todavía son pocas poco a poco algunos se van dando cuenta de lo importante que es ofrecerle productos al público intolerante al gluten.
Ninguna razón es suficiente para quedar afuera de la reunión alrededor de las ocho partes mágicas. Esas ocho partes unidas al comienzo por un rojo que pinta suavemente y no tanto el sagrado disco blanco, esas finas láminas de muzzarella que aumentan su tamaño frente al trabajo del calor y esos tentadores jugadores verdes que siempre quedan para el final dejando su huella sobre plato indicando que el festín ha terminado.>>
Sofía Lara Zeidel.
martes, 12 de noviembre de 2013
Una tarde de cine por Sabrina Wenner
Qué es una película sin sus pochoclos
Dulce o salados, le pregunta el cajero a Gonzalo y Natalia, su respuesta es seducida por el aroma de los pochochos dulces que envuelve el hall de entrada de las salas de cines. Eligieron el balde más grande y dos bebidas, un agua y una gaseosa. El pochoclo es: maíz pisingallo + azúcar + aceite de girasol, no contiene nada de T.A.C.C (Trigo, avena, cebada, centeno).
Hace poco menos de un año que son novios y una de sus salidas preferidas es ir a los cines del abasto. El domingo estuvo lluvioso, así que la mejor idea fue combatir el mal clima, viendo una película en la pantalla grande. Eligieron una comedia romántica para reírse durante unas horas.
Natalia sabiendo que su novio es celiaco, y ante la posibilidad de que no hubiese oferta de los chocolates Cadbury que el puede comer, decide sorprenderlo y los lleva en su cartera. Sabe que es la golosina preferida de su enamorado y que juntos pueden disfrutarlos tranquilamente.
La película duro casi una hora y media, en donde compartieron muchas risas, chocolates y pochochos que volaban a sus bocas y a sus asientos. También alguna que otra lagrima de emoción salta de los ojitos de Natalia, ella en muy romántica.
Cuando termino el film decidieron dar una vuelta por el patio de comidas en busca de un menú acorde a su apetito. Como suelen ir seguido, ya saben los lugares que pueden comer y que tienen conciencia en el trato de alimentos para no provocar una contaminación. Esta vez eligieron comer unos salteados de verdura en Green Compamy. La cajera del lugar les toma el pedido, Gonzalo pide un salteado de mixto (pollo, lomo de cuadril, arroz y vegetales) y un salteado Light para Nati (Pollo, brócoli, tomates cherry y vegetales). Luego de pedir las bebidas le advierte a muchacha que es celiaco. Siempre suele decirlo para que al momento que se realice su menú, el cocinero tome el recaudo necesario y utilice un wok y utensilios que no hayan sido utilizados para la realización de otros platos.
Desde el mostrador se puede ver como el cocinero hace bailar y saltar esas verduras y carnes en los wok. El perfume de los salteados dorándose, abrió aun mas sus apetitos. Se sentaron en el patio de comidas y disfrutaron sus platos. Como postre decidieron tomar un helado en Freddo, donde hay una gran variedad de gustos libres de TACC.
Salieron del Shopping y de la lluvia solo quedaba algún que otro charco en los pisos húmedos. La tarde-noche paso rápidamente, junto a una gran lluvia de pochochos acaramelados.
Sabrina Wenner
lunes, 11 de noviembre de 2013
Una visita a la pediatra por Mariana Calbosa
Un Sr. llamado Gluten
La edad de los ¿Por qué? no golpea para pasar, ni pide permiso a ver si se puede. Solo brota como una catarata y transforma la cara de los mayores a veces en "caras felices" y otras en "caras de preocupación".
Juan había nacido sanito, sanito como dicen los abuelos en el campo. Con 7 añitos se había quedado en 1,10 Mt. de altura y su peso pluma no llegaba a los 35 kilos. Su estado de ánimo se había dormido, ya no era el mismo nene alegre su carita mostraba tristeza y desgano. Juan ya no tenía ganas ni de jugar y eso si que era raro.
Fue entonces que comenzó la catarata de ¿Por qué? ¿Ma, porque estoy triste y no se me pasa? ¿Pa, porque me crece la panza y el resto del cuerpo no?
¿Ma, porque voy al baño distinto que antes? Para responder a los porque necesitaban la ayuda de Camila.
Camila, es la Pediatra que conoce a Juan desde que nació. Es la que lo conoce de pe a pa y la que cuando termina la consulta, si se portó
bien, le regala un chupetín. Así es que fueron a su consultorio a visitarla.
Cuando empezaron a contarle lo que estaba pasando, Camila creía saber por dónde empezar, escribió una receta con garabatos que
necesitaron ser traducidos, donde pedía por un lado un análisis de sangre y por otro una biopsia intestinal.
- "Nunca nadie en la familia se tuvo que hacer un estudio de esos" dijo la mamá de Juan, casi al borde de un ataque de nervios.
La doctora les llevo tranquilidad explicándoles el porqué de su pedido. Y Juan fue el primero en preguntarle ¿Porque me tengo
Que sacar sangre otra vez? ¿Porque los chicos se enferman? ¿Porque me siento así?
A Juan ya le habían hecho estudios de sangre y como era valiente sabía que no dolería, pero la biopsia era algo nuevo para él.
Con la paciencia de una maestra jardinera, que por arte de magia pintan de colores los cielos grises, Camila le explicó el paso a paso
del estudio y entonces Juan tomó coraje y no dijo ni mu.
Pasaron algunos días y cuando los resultados estuvieron listos, Camila se sentó con Juan y sus papas y les contó cual era la situación.
Juan es Celiaco.
- ¿Celique? preguntó Juan enseguida.
- ¿Es curable? preguntaron sus papás a coro.
Camila le conto a Juan como si fuera un cuentito de que se trataba lo que tenía.
"Resulta que hay un Sr. llamado Gluten que vive en algunos alimentos y para no sentirte como te sentís no vas a poder comerlos mas
porque le hacen mal a tu panza"
Entre dibujos y explicaciones Juan entendió de qué se trataba. Le dio un abrazo fuerte a Camila y le dio las gracias por ayudarlo a sentirse mejor.
Para luchar contra el Sr. Gluten, Juan creo a Los Súper Zerotacc. Mama Súper Zero Tacc y Papa Súper Zero Tacc lo ayudarían a combatirlo para que nunca más tuviera dolores de panza.
Para que pudiera seguir creciendo sano y fuerte y para seguir jugando hasta cansarse.
*Consulte a su médico si algunos de estos síntomas se presentan en los niños
Mariana Calbosa
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